viernes, 22 de marzo de 2013

ANNUNAKI V/S ELOHIM


“Creó pues Elohim al hombre a imagen suya, a imagen de Elohim creóle; macho y hembra los creó.”      

La Biblia, Génesis 1:27

Complementando la entrada anterior, y siempre siguiendo la línea del tiempo llevada hasta ahora, contrastaremos en ésta la teoría de los Annunaki creadores del Hombre con lo revelado por la Biblia respecto de la creación de la raza humana y su propósito, con argumentos y conclusiones que nos servirán para dilucidar si la nuestra es una raza destinada a la desoladora esclavitud o, por el contrario, una con esperanzas ciertas de libertad.

La Creación de los Dioses Sumerios

Las teorías de Zecharia Sitchin se basan en investigaciones directas de fuentes sumerias, babilónicas, mitología del Cercano Oriente, de la arqueología y de la Biblia, así como de los nuevos descubrimientos en astronomía, geología, lingüística, bioingeniería y tecnología espacial. En 1976, Sitchin publicó su primer libro, The 12th Planet (El Doceavo Planeta), donde presentó su hipótesis.

Los Anunnaki, dice, son seres altamente desarrollados de un planeta distante que tiene una órbita elíptica retrógrada de 3.600 años alrededor del Sol. Sitchin dice que este planeta, donde se originaron los llamados dioses de la antigüedad, era conocido como Nibiru por los sumerios, Marduk por los babilonios, y Olam por los hebreos.  Se conoce hoy como Planeta X, y su órbita lo haría el décimo del Sistema Solar (el doceavo  planeta según los sumerios, que incluian al Sol y a la Luna como tales).[i]

“Según los sumerios, nuestro sistema solar tiene 12 miembros: el Sol, la Luna, y diez, no nueve, planetas. Este sistema solar, con el sol en el centro, está delineado en un sello cilíndrico datado hace 4.500 años, encontrado por un arqueólogo y que está en un museo de Berlín. El planeta que es el 12º miembro del sistema, se llamó NIBIRU, ’El planeta de tránsito’.  Su símbolo es la cruz. Tiene una gran órbita elíptica, como un cometa, y se acerca a nuestra vecindad, entre Marte y Júpiter, cada 3.600 años (más o menos)”.

La intervención a nivel genético de los Annunaki en los homínidos estaría justificada según Sitchin, en el reciente descubrimiento por parte de los científicos de 223 genes que son exclusivos del ser humano, lo que según ellos no fueron producto de la evolución, sino de una intervención mucho más reciente en este proceso, producida quizás por bacterias.[ii]

Sitchin postula que fue obra de los dioses sumerios:

“Como está detallado en mis libros, comenzando con 'El 12avo Planeta' (1976)  e incluso más en 'El Génesis Revisado' y 'El Código Cósmico', los Anunnaki vinieron a la Tierra hace unos 450.000 años del planeta Nibiru, un miembro de nuestro propio sistema solar cuya gran órbita lo trae a nuestro sector de los cielos cada 3.600 años.

“Ellos entraron aquí por la necesidad de oro, con el que protegerían su atmósfera disminuida. Agotados y en la necesidad de ayuda para extraer el oro, Enki, su jefe científico, sugirió que usaran su conocimiento genético para crear a los Obreros Primitivos que necesitaban. Cuándo los otros líderes de los Anunnaki preguntaron: ¿Cómo puedes crear a un nuevo ser? Él contestó:  'El ser que necesitamos ya existe; todo lo que tenemos que hacer es poner nuestra marca en él'.  Esto fue hace unos 300.000 años.

“Lo que tenía en mente era modificar genéticamente a los homínidos existentes, que ya se encontraban en la Tierra a través de la Evolución, agregando algunos de los genes de los Anunnaki, más avanzados. El hecho de  que los Anunnaki, que ya podían viajar en el espacio hace 450.000 años,  poseyeran la ciencia genómica (cuyo umbral apenas hemos alcanzado nosotros  ahora) no sólo está claro en los textos actuales, sino también en numerosos registros pictográficos en los que la doble hélice del ADN es interpretada como dos Serpientes Enroscadas (un símbolo todavía usado por la medicina y la sanación).

“Cuando los líderes de los Anunnaki aprobaron el proyecto (reflejado en el bíblico 'Creemos a Adán'), Enki con la ayuda de Ninharsag, el Oficial Médico en Jefe de los Anunnaki, se embarcaron en un proceso de ingeniería genética, agregando y combinando genes de los Anunnaki con aquellos de los homínidos ya existentes. Cuando, después de mucho ensayo y error, sorprendentemente descrito y  registrado en la antigüedad, se logró un 'modelo perfecto', Ninharsag lo sostuvo y gritó: ¡Mis manos te han hecho!'. Un artista antiguo pintó la escena en un sello cilíndrico (ver láminas en la web de Sitchin). Y es así que, yo sugiero, llegamos a poseer esos singulares genes extra. Era a la imagen de los Anunnaki, no de bacterias, que Adán y Eva fueron diseñados.

“Una cuestión de extrema importancia. A menos que investigación científica adicional pueda establecer, más allá de cualquier duda, que la única posible fuente de los genes adicionales son realmente las bacterias, y a menos que entonces se determine también que la infección ('la transferencia horizontal') fue de las bacterias al ser humano y no del ser humano a las bacterias, la única solución alternativa disponible es la ofrecida por los milenarios textos sumerios.  Hasta entonces, los enigmáticos 223 genes extraños permanecerán como una alternativa y como una corroboración por la ciencia moderna de los Anunnaki y sus proezas genéticas en la Tierra.”[iii] 

Raza de esclavos sin esperanza

En 1989, la hipótesis radical de Zecharia Sitchin avanzó a otro nivel con la publicación del libro The Gods of Eden (Los Dioses del Edén), subtitulado: The chilling truth about extraterrestrial infiltration - and the conspiracy to keep humankind in chains (La escalofriante verdad acerca de la infiltración extraterrestre - y la conspiración para mantener a la humanidad encadenada). El autor, un abogado californiano con el seudónimo William Bramley [iv], recopiló las principales investigaciones anteriores sobre el tema de los "astronautas ancestrales" y las reunió con una particular visión conspiratoria de la Historia.

Su hipótesis es la siguiente: "Los seres humanos parecen ser una raza esclavizada reproduciéndose en un planeta aislado de una pequeña galaxia. La raza humana fue una vez fuente de mano de obra para una civilización extraterrestre, para la cual seguimos siendo su posesión. Para mantener el control sobre su posesión y mantener a la Tierra como una especie de prisión, esa otra civilización ha alimentado un interminable conflicto entre los seres humanos, ha promovido la decadencia espiritual y ha creado en la Tierra condiciones irreversibles de penuria física. Esta situación ha existido por miles de años, y aún continúa hasta nuestros días." (The Gods of Eden).

Bramley plantea que en la Biblia se nos presenta un “Dios” (Jehová o Yahvé) quien, por su propia palabra, admite ser celoso, colérico y vengativo. Según su interpretación, el temor de Jehová aparece enfatizado constantemente a través del Antiguo Testamento, y se espera que Él recompense a aquellos que lo adoran y que mantienen la observancia de la ley ritual, gratificando sus deseos mundanos por posesiones materiales y poder. Postula que este cruel, sanguinario y egoísta “Dios” se asemeja grandemente a los caprichosos dioses sumerios.[v]

La hipótesis de Bramley, que la Humanidad es el producto de ingeniería genética conducida por extraterrestres para obtener mano de obra esclavizada, aparte de ser escalofriante, desafía tanto a la evolución darwiniana como al creacionismo. Si se complementa con las interpretaciones de Sitchin, obviamente no vulnera la teoría de la evolución, sino sólo en lo relativo a una intervención extraterrestre posterior, posiblemente en el homo erectus, para lograr la aparición del homo sapiens sapiens,  el que ellos habrían utilizado como mano de obra esclavizada.

Una visión alternativa

A pesar de su gran erudición, lo que Sitchin y Bramley no están quizás en posición de explicar, es que los seres humanos antediluvianos podrían perfectamente haber alcanzado avanzados conocimientos astronómicos y genéticos, (pruebas de ello las hay, como ya vimos en nuestra entradas anteriores), y que los descendientes de los que sobrevivieron al Gran Diluvio, los del Imperio de Oriente establecidos en el Valle del Indo -y también los del Imperio de Occidente asentados finalmente en Egipto-, que pudieron heredar de manera directa sus conocimientos y tecnología al preverse los medios para ello, haciéndose pasar por “dioses” ante los pueblos más atrasados, por los verdaderos Annunaki, los "caídos del cielo", intentaron transmitirles el registro de lo que para ellos fue sin duda una toda una proeza científica, a través de una fantasía histórica que a lo mejor ellos mismos creían cierta, y que tenía por objeto principal obtener el sometimiento religioso y social de parte de los pueblos que rescataban de la barbarie, para asegurar su supremacía y supervivencia ante su salvajismo e ignorancia.

La presencia de un décimo planeta en el sistema solar es un dato astronómico correcto, pero no necesariamente tiene que tratarse de Nibiru con su extremadamente elíptica órbita. Mientras ello no pueda demostrarse con observaciones concretas tenemos derecho a ponerlo en duda, incluyendo el que esté o no poblada de seres inteligentes en su interior. Es posible también que –pese al calor interno del planeta que postula Sitchin- dicho planeta fuera un mundo congelado por miles de años en tanto no llegase a las cercanías de la órbita marciana, con condiciones por lo tanto casi imposibles para el surgimiento de vida, y mucho menos de vida inteligente que hubiera podido evolucionar al nivel de los Annunaki.[vi]

Por otra parte, la presencia de estos 223 genes exclusivos de la raza humana pudiera ser la prueba, no de una intervención de los Annunaki en los incipientes homínidos de la tierra, sino la de que el ser humano podría ser producto de creación directa y no de evolución como lo henos venido planteando en este blog, pues aunque formado con los mismos elementos que los de los otros seres vivos –también creados- y con las mismas características fisiológicas más generales de los mamíferos, poseía una pequeña inserción de genes diferentes que marcaba la distancia con los otros animales y que lo hacía “a imagen y semejanza” de los ELOHIM [vii] que menciona la Biblia en el libro del Génesis.

Conclusiones

Sin pretender de ninguna manera descalificar los trabajos de Sitchin y de Bramley, que de seguro han sido exhaustivos y de mucha investigación fidedigna, sólo pedimos al lector atender a algunos puntos cruciales que se derivan de sus populares y difundidas teorías, y los pueda luego contrastar con lo que postulamos en el libro “Fenómalos- La Quinta Esencia” y en este blog:

1) Seríamos una raza producida con fines netamente materialistas: mano de obra –posiblemente a nivel de esclavos- para una raza extraterrestre.

2) En conjunto presentan una visión pesimista y descontinuada de la Historia, en que la Humanidad fue, es y será por siempre una raza desesperanzada, mortal, sometida a los designios de “dioses” que buscan su propio beneficio a costa nuestra,

3) Nunca hubo una Creación, sino que la Vida en la Tierra es producto de la evolución y la de los seres humanos una intervención tardía sobre los homínidos,

4) La Biblia sería un instrumento de manipulación psíquica para mantenernos atados a ellos, y toda su ”Verdad” no sería otra cosa que “una mentira bien contada” por un supuesto impostor de la Divinidad: “Jehová”, extraterrestre cruel, caprichoso, celoso, capaz de las máximas atrocidades (al que los gnósticos identifican con Satanael el Demiurgo, razón por la cual –según ellos- Jesús jamás habría dicho “Jehová” cuando se refería a su Padre).

5) Se derrumba estrepitosamente cualquier ideología relativa a un Ser Superior en el contexto bíblico –no hablamos de religiones- que busca nuestra felicidad, a la presencia de fuerzas oscuras que conspiran solapadamente contra la Humanidad para imponer su ideología y lograr sobrevivir a su rebelión, al rescate de los seres humanos por medio del sacrificio mesiánico, al ejemplo de vida del Mesías y a su retorno a la Tierra, a la vida eterna, y otros etcéteras que el mismo lector podrá deducir al examinar la Biblia por su propia cuenta.

Sugerimos al lector por lo tanto, que al terminar de recorrer las entradas, todas relacionadas entre sí, de este blog y meditar acerca de lo que se plantea en él y en el libro sobre el cual se fundamenta, vuelva a analizar este artículo y saque entonces sus propias conclusiones. Tal vez tenga una mejor base para comprender, entre los otros conceptos enumerados arriba, el profundo significado de la palabra Jehová o Yahwéh, derivada del término hebreo de cuatro letras YWVH, sin vocales, denominado Tetragrámatron, que aparece 6.823 veces en el Antiguo Testamento, y que fue el término con el cual el pueblo de Israel debía denominar a Dios, a fin de distinguirlo de los falsos dioses (Exodo, cap.3 vers.13-15).

Para los judíos el nombre de Dios era sagrado, y para evitar profanar el segundo mandamiento del Decálogo o Ley Moral, poco a poco evitaron pronunciarlo, proceso que ocurrió durante el periodo intertestamentario, y que fue una de las razones por las que Jesús se habría referido a Él solamente como Padre (también es un hecho que deseaba resaltar esta faceta de su carácter) o Señor.

Que esta costumbre estaba bien establecida en la nación judia del Siglo I d.C. lo demuestra el hecho de que Jesús y los apóstoles usaron la palabra Señor en forma regular cuando los escritores del Antiguo Testamento hubieran usado el nombre Jehová o Yahweh.  En realidad, el término Señor los había reemplazado tan completamente, que no aparecen en ningún pasaje del Nuevo Testamento.

Sin embargo, Jesús lo citó varias veces con palabras de la Escritura: Por ejemplo, cuando recuerda los dos grandes mandamientos que resumen la Ley Moral, Jesús cita Deuteronomio, cap.6 vers.4 y 5, que comienza con las palabras: “Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”, traducido en el Evangelio según San Marcos como: “Oye, Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos, cap.12 vers.29).

Jehová no sería entonces el Demiurgo de los gnósticos, sino lo que significa su nombre: Yo Soy el que Soy, es decir, el Eterno, el que existe por sí mismo, quién, al ser además el Autor de la Vida tendría pleno derecho a tomarla (sean mujeres, niños, ancianos o adultos) si así lo exigen sus altos propósitos hacia la Humanidad -la mayoría de las veces no comprendidos por nosotros, pero que en la medida que abrimos las páginas del misterio podemos comenzar a vislumbrar- pudiendo encontrar entonces una justificación válida a los supuestos “genocidios” en su accionar con el naciente pueblo hebreo después del éxodo de Egipto: exterminio de los primogénitos de Egipto y de todo su ejército, de los hebreos rebeldes al pie del Sinaí, de los pueblos de Canaán durante la toma de posesión bajo el mando de Josué (amorreos, filisteos y muchos otros), sucesos marcados todos con un gran simbolismo respecto de la lucha ideológica entre el bien y el mal, sin mencionar por supuesto la aniquilación de Sodoma y Gomorra en tiempos de Abrahám y su sobrino Lot, la exterminación masiva de la Humanidad con el Diluvio, y muchas otras “atrocidades” que sus detractores se encargan de resaltar sin tomar debidamente en cuenta el contexto histórico, tanto local como cósmico, en que se desenvuelve todo este gran drama.

Efectivamente hemos sido invadidos por los Annunaki, pero no por aquellos gigantes que se hicieron pasar por seres provenientes de un supuesto planeta Nibiru como narran las tablillas sumerias, traducidas e interpretadas magistralmente por Sitchin y llevado a un plano desesperanzador por Bramley, sino por aquellos verdaderos caídos del cielo, las fuerzas de la oscuridad que infectaban el Universo y que fueron combatidas y relegadas en cuarentena a este planeta. Los mejores argumentos al respecto podrán encontrarlos en nuestras entradas anteriores denominadas “Annunaki :// Identificando Anomalia” (Parte I y Parte II).

Por ende no habríamos sido creados por los Annunaki, sino por los Elohim, quienes necesitan ante el Universo habitado, no caído, probar a través de la raza humana los alcances de la rebelión de los primeros. Somos los elementos de prueba que, a pesar de haber sido infectados y esclavizados por los "caídos del cielo", tenemos a disposición la vacuna para la cura y la liberación: un poderoso Antivirus que permitirá anular a los Annunaki justificando su completa extirpación del Sistema Universal. Se trata de uno de los Elohim,  la entidad extraterrestre creadora que se ha hermanado con la Humanidad, que se erige como el eje central de la Historia, de los textos judeo cristianos ... y de nuestra próxima entrada.


Por











[i] Sitchin continuó desarrollando sus teorías en volúmenes posteriores,  incluyendo The Stairway to Heaven, The Lost Realms, Genesis Revisited, y el  más reciente Divine Encounters. En 1993, la compañía suiza Paradox Media Ltd. produjo un video  documental, "Are We Alone?" (Estamos Solos?), acerca del trabajo de Sitchin. (Fuente:  Norwegian Center for Cosmic Awareness)


[iii] Ver Zecharia Sitchin, sitio web: http://www.sitchin.com/adam.htm). También se puede encontrar información compendiada sobre lo mismo en:
http://www.antiguosastronautas.com/articulos/Sitchin03.html 

[iv] El nombre real de William Bramley es Tore B. Dahlin (Tore Bjorn Dahlin). Trabajó como abogado en el Colegio de Abogados de California. EE.UU.

[vi] A pesar que desde el punto de la difundida Teoría de la Tierra Hueca, y por extensión, de los planetas o mundos en general, que de acuerdo con ella serían huecos y con un sol central que permite la vida en su interior independiente de su mayor o menor cercanía al Sol (teoría que aunque plausible y llena de sugerentes argumentos, requiere todavía ser demostrada), es poco probable que, de existir Nibiru, pudiera éste albergar vida de carácter inteligente en su interior, dada su hipotética órbita extremadamente elíptica que lo sometería a increíbles tensiones estructurales por extremas variaciones de temperatura y de atracción gravitacional.

[vii] La Biblia en hebreo se refiere a Dios como “Elohim”, usando los pronombres plurales “nosotros”, “nos” y “nuestro”. La palabra hebrea “Elohim” es una combinación del sustantivo singular “Eloah”, al que ha sido agregado el sufijo plural “im”. Por ello, “Elohim” literalmente significa “Dioses”. El término “Elohim” es el más común usado para Dios en el Antiguo Testamento en hebreo, causando mucha controversia entre teólogos y linguistas, que al no comprender claramente su significado lo consideran un misterio, ya que el significado “Dioses” atenta contra el monoteísmo del Pentateuco. Ello ha generando hipótesis tales como la del Plural Mayestático (que revela todos los atributos de Dios a través de un nombre en plural), la de la Trinidad (la expresión “Elohim” vendría a adelantar la revelación de la Trinidad dada en el Nuevo Testamento), y la de un Dios masculino y un Dios femenino (que crea al Ser Humano a su imagen y semejanza: Hombre y Mujer). 




OBSERVACIÓN: Esta serie de artículos están basados o forman parte del libro escrito recientemente por el autor, denominado “Fenómalos – La Quinta Esencia”, publicado por Editorial Trafford (ISBN 1-4251-1232-3, por Trafford Publishing, Canada). Las imágenes y videos han sido tomadas directamente de la web, y sólo para efectos de ilustración del texto. De haber alguna de ellos con derechos de autor agradeceré comunicármelo para retirarlas de esta entrada.

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